COLD FRED FRIO

TRILOGÍA

COLD-FRED-FRÍO / THE END. OFF / TO COOK FOR 2008-2010

A Mercedes Boronat le gusta designar esta trilogía como tres “instalaciones humanas”, con todo lo que comportan los términos ‘instalación’ y ‘humano’. Y es una hermosa manera de calificar su creación, puesto que cualquier instalación artística implica una experiencia sensorial y conceptual en un espacio delimitado, apelando a la libertad del espectador para con el concepto artístico; y en este caso, lo instalado no son objetos sino actores, seres vivos con consciencia y capacidad de decisión.

Esta trilogía define tres fases de un proceso de liberación personal y corporal, que se concreta en tres trabajos performativos en los que la transformación se produce, nuevamente, a través de la evolución a nivel corporal.

Realizadas consecutivamente a lo largo de tres años, las tres performances que Mercedes Boronat propone, poseen una fuerte carga emocional, puesto que tienen una correspondencia directa con la trayectoria vital de la artista, en la medida en que se ha ido definiendo y concretando como performer a través sus propuestas artísticas.

El punto de partida es la congelación, como metáfora del nivel de conocimiento y uso que la mayoría damos a nuestro propio cuerpo. En la performance Cold-Fred-Frío, tal y como analizamos más adelante, los intérpretes son seres impasibles, asépticos, cuya supervivencia se basa en dos únicos y simples gestos: caer e incorporarse. Pero, incluso en ese estado de inconsciencia del propio cuerpo, se intuye ya una vía de cambio: todos los actores tienden a la luz y al calor, y por ello, aunque muy despacio, avanzan.

La segunda fase es un proceso de purga. The End. Off es un ritual de despedida de todas las pre-concepciones y de lo obsoleto, y se materializa como un funeral, en el que los performers continúan siendo prisioneros aún de su “desconocimiento” del cuerpo, pero ya son capaces de realizar un número mayor de gestos y posturas, puesto que están realizando una apertura hacia sí mismos, a través de la pérdida, que deja lugar a una adquisición posterior.

Por último, en To Cook For, el cuerpo, que para Mercedes Boronat es indisociable del espíritu, está listo ya para aprender, y no sólo para eso, sino, y sobre todo, para dar. Esta última fase se concreta a través de la gastronomía, como elemento cultural común, que hace referencia de entrada a la necesidad de alimentarse, pero también al placer y al goce de hacerlo. Los intérpretes, en esta ocasión, cocinan metafóricamente, haciendo pleno uso de su cuerpo, requiriendo todos sus sentidos, y luego comparten con la audiencia el fruto de su aprendizaje. Y los gestos adquieren ya una naturalidad propia de seres conscientes de su propia existencia.

Las tres performances, como creaciones autónomas, dilatadas en el tiempo y en el espacio, conforman, así, un todo armónico cuya premisa reitera en el cuerpo como ‘lugar’ para el progreso, que  es la esencia del trabajo de Mercedes Boronat.

 

COLD – FRED – FRIO

Instalación humana para 12 o 24 interpretes.

Barcelona, Centre Can Felipa, 2008

Cold-Fred-Frío es una performance conceptual que investiga la impotencia como estado físico, a través de la metáfora de la congelación. La congelación funciona, de este modo, como una alusión a la parálisis mental y física, que acarrea la imposibilidad de liberarse.

El espacio y la escenografía juegan papeles fundamentales en el concepto que pretende transmitir Boronat, cuya idea es dar a entender, mediante la división del espacio en carriles que constituyen una especie de enorme pentagrama, el aislamiento y la soledad del individuo contemporáneo, cuya existencia es, sin embargo, en sociedad. Boronat, además, no sólo juega con los sentidos visual y auditivo, sino que introduce, de una forma inteligente, la frialdad, en una sala que simula un gran congelador, permitiendo que el espectador perciba, al igual que los actores, el frío y la desazón que proporciona la ausencia de calidez. La indumentaria de los intérpretes es, a su vez,  acromática, blanca, insistiendo en la idea de neutralidad, y de impasibilidad. Y su propia actitud es insensible e impávida, puesto que no existe ningún atisbo de interacción entre ellos, representando así, un mundo colectivo repleto de seres individualmente individualistas. Cada uno de ellos avanza a su propio ritmo hacia la luz, y lo hace mediante dos gestos sencillos: la caída al suelo, y la recuperación. De nuevo el movimiento, aunque simple y dual, como forma de supervivencia, puesto que paralizarse implica ausencia de dinamismo, de VIDA, y, consecuentemente, MUERTE.

En determinados actores, los flujos de caída-recuperación coinciden en el tiempo y en el espacio, generando una bonita

alegoría coreográfica de los ritmos comunes que llevamos los seres humanos, cuyas coincidencias a menudo ignoramos, y cuya consecuencia directa de esta ignorancia es la soledad. Y, sin embargo, los artistas avanzan en el espacio, y se dirigen hacia las luces que hay en uno  de los extremos del

recorrido que realizan. Y es que la luz es el único elemento esperanzador, y funciona metafóricamente como el candor, objetivo perseguido para mantenerse en vida, más allá del frío y la oscuridad.

La crítica que subyace a toda la pieza es una denuncia de este estado de impotencia, estado que se materializa con la repetición sincrónica de sólo dos movimientos esenciales y primarios, y que pretenden sugerir una ignorancia directa de nuestro organismo, como fuente de vida y cuya conciencia propia es capaz de permitirnos progresar. La experiencia que nos ofrece esta performance, dónde la caída es la única forma de salvación, es real y tiene, sin duda, reminiscencias del arte de la meditación ZEN, el objetivo de la cual es, en última instancia, la ampliación de la conciencia.

Cold-Fred-Frio from mercedes boronat on Vimeo.

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